Eric Voegelin (II)

Progreso y decadencia

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«El precio del progreso es la muerte del espíritu. Nietzsche reveló este misterio del apocalipsis occidental cuando proclamó que Dios estaba muerto, que había sido asesinado. Este asesinato gnóstico se comete constantemente por los hombres que sacrifican a Dios en aras de la civilización. Cuanto más fervientemente la totalidad de las energías humanas se dedica a la gran empresa de la salvación mediante la acción inmanente en el mundo, más se apartan de la vida del espíritu los seres humanos que se dedican a esta empresa. Y como la vida del espíritu es la fuente del orden en el hombre y en la sociedad, el mismo éxito de la civilización gnóstica es el motivo de su decadencia.

Una civilización puede en verdad progresar y decaer al mismo tiempo, pero no eternamente. Hay un límite hacia el cual se dirige este ambiguo proceso. Este límite se alcanza cuando una secta activista que represente la verdad gnóstica organiza la civilización como un Imperio bajo su mando. El totalitarismo, entendido como la norma existencial de los activistas gnósticos, es la forma final de la civilización progresista.» Eric Voegelin en Nueva Ciencia de la Política.

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Eric Voegelin (I)

La ‘evolución’ de la razón

«Weber, según se acaba de exponer, concebía aún la historia como un aumento de racionalismo en el sentido positivista. Desde el punto de vista de una ciencia del orden, sin embargo, la exclusión de la “scientia prima” [la metafísica] del reino de la razón no supone un aumento sino una disminución del racionalismo. Lo que Weber, en la línea de Comte, entiende como racionalismo moderno, más bien habría de interpretarse como irracionalismo moderno. Esta inversión del sentido comúnmente aceptado de los términos tiene que despertar una cierta hostilidad. Pero el intento de una nueva interpretación no puede detenerse en este punto. El rechazar ciencias que estaban ya desarrolladas, y el volver a un nivel inferior de racionalidad, requieren motivaciones hondamente arraigadas en la experiencia. Una investigación más profunda revelaría ciertas experiencias religiosas en el fondo de la oposición a reconocer la “ratio” [razón] de la ontología y de la antropología filosófica; de hecho, hacia 1890 se inicia el estudio del socialismo en cuanto movimiento religioso, estudio que más tarde se hace extensivo a los movimientos totalitarios en cuanto nuevo “mito” o religión. Esta investigación llevaría además al problema general de la conexión entre los tipos de racionalidad y los de experiencia religiosa. Algunas experiencias religiosas tendrían que clasificarse como más elevadas, y otras como inferiores, por el criterio objetivo del grado de racionalidad que admiten en la interpretación de la realidad. Las experiencias religiosas de los filósofos místicos griegos y de la Cristiandad se hallarán a un nivel muy alto, porque permiten el desarrollo de la metafísica; muy bajas quedarían las experiencias religiosas de Comte y de Marx, ya que impiden el planteamiento de cuestiones metafísicas. Tales consideraciones trastornarían totalmente la concepción positivista de una evolución desde un primer estadio religioso o metafísico de la Humanidad hacia el racionalismo de la ciencia. No sólo la evolución descendería desde el grado más alto al más bajo del racionalismo, al menos para la época moderna, sino que además esta decadencia de la razón habría que entenderse como la consecuencia de un retroceso religioso. Toda la interpretación de la historia occidental que se ha desarrollado en los últimos siglos tendría que revolucionarse; y una revolución de tal magnitud tropezaría con la oposición de los “progresivos” al encontrarse éstos de repente en la postura de irracionalistas retrógrados.» Eric Voegelin, en Nueva Ciencia de la Política.