Eric Voegelin (II)

Progreso y decadencia

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«El precio del progreso es la muerte del espíritu. Nietzsche reveló este misterio del apocalipsis occidental cuando proclamó que Dios estaba muerto, que había sido asesinado. Este asesinato gnóstico se comete constantemente por los hombres que sacrifican a Dios en aras de la civilización. Cuanto más fervientemente la totalidad de las energías humanas se dedica a la gran empresa de la salvación mediante la acción inmanente en el mundo, más se apartan de la vida del espíritu los seres humanos que se dedican a esta empresa. Y como la vida del espíritu es la fuente del orden en el hombre y en la sociedad, el mismo éxito de la civilización gnóstica es el motivo de su decadencia.

Una civilización puede en verdad progresar y decaer al mismo tiempo, pero no eternamente. Hay un límite hacia el cual se dirige este ambiguo proceso. Este límite se alcanza cuando una secta activista que represente la verdad gnóstica organiza la civilización como un Imperio bajo su mando. El totalitarismo, entendido como la norma existencial de los activistas gnósticos, es la forma final de la civilización progresista.» Eric Voegelin en Nueva Ciencia de la Política.

Pío XII (I)

Por la civilización cristiana

«La conciencia cristiana no puede admitir como justo un orden social que, o niega en principio, o hace prácticamente imposible o vano el derecho natural de la propiedad, así sobre los bienes de consumo como sobre los medios de producción. Pero tampoco puede ella aceptar aquellos sistemas, que reconocen el derecho de la propiedad privada según un concepto totalmente falso, y se hallan, por lo tanto, en oposición con el verdadero y sano orden social. Por lo tanto, allí donde, por ejemplo, el capitalismo se funda en esos conceptos erróneos y se atribuye un derecho ilimitado sobre la propiedad, sin subordinación alguna al bien común, la Iglesia lo ha reprobado como contrario al derecho natural.

Vemos, de hecho, cómo la clase cada vez más numerosa de los trabajadores se encuentra con frecuencia frente a aquellas excesivas concentraciones de bienes económicos que, al ocultarse muchas veces bajo el título de sociedades anónimas, logran sustraerse de sus deberes sociales y casi colocan al obrero en la imposibilidad de formarse una propiedad efectiva. Vemos cómo la pequeña y mediana propiedad disminuye y se debilita en la vida social, al encontrarse limitada y obligada a una lucha defensiva cada vez más dura y sin esperanza de un feliz éxito. Vemos, por un lado, cómo las grandes riquezas dominan en la economía privada y en la pública, y a veces también en la actividad pública; vemos, por otro, la innumerable muchedumbre de los que, privados de toda directa o indirecta seguridad en su propia vida, no se toman ya interés alguno por los verdaderos y elevados valores de espíritu, se cierran a las aspiraciones hacia una genuina libertad, se encadenan al servicio de cualquier partido político, esclavos de quien de algún modo les prometa pan y tranquilidad. Y la experiencia ha demostrado la tiranía de que es capaz la humanidad ante tales condiciones, aun en los tiempos presentes.» Pío XII en Por la Civilización Cristiana, visto en Colección de Encíclicas y Documentos Pontificios (1967)

Jura de Bandera

El próximo sábado 26 de Mayo se realizará una Jura de Bandera en la Plaza Santa Ana a las 12.00. Animamos a todos los amantes de la Patria a participar en este evento, en el que renovamos nuestro compromiso para con la tierra de nuestros mayores.

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